MIEDO

Anoche mi vecina a gritos pedía auxilio desde su casa. Golpes, gritos. La gente por la calle parándose. Ella pidiendo socorro por la ventana. El bajando todas las persianas. Los vecinos en la calle llamando a la policía. Yo llamando insistentemente a la puerta hasta que abrió él, tapando la puerta. Le pedí verla a ella, la dije que saliera. La dejó salir, con su hija pequeña en brazos. Las dos muertas de miedo. Ella con dudas de denunciar. No sabía qué hacer. Con el miedo y la angustia en la cara. Su hija abrazada a ella, sin decir palabra. El diciendo: si solo ha sido una discusión familiar, no ha pasado nada. ¿Qué no ha pasado NADA?. El miedo no es un ojo morado, pero duele más, porque duele a partir de ese día, todos los días.

Luego dirán que hay denuncias falsas. Que, como no se le podrá condenar, porque a lo mejor ella no declara, que era una denuncia falsa. Y no, no era una denuncia falsa, es la realidad de muchas familias en las que las que pasan miedo son siempre LAS MISMAS.

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